lunes, 8 de febrero de 2021

MONOTONÍA DENTRO DEL MONOTEMA

El gesto se repite cada vez que asalto la calle para ir a trabajar, me coloco una mascarilla ajustada con gomas detrás de las orejas que al final del día duelen con el roce y no dejan de recordarme la tortura diaria a la que docilmente nos sometemos.Se tropiezan los días unos con otros sin demasiadas variables, lo que siempre está presente es un runrún que intento espantar como a una mosca cojonera del verano sin demasiado éxito. Es el miedo al contagio, al propio y al ajeno. Se respira en toda conversación, en cualquier encuentro que tira hacia atrás las manos que no tocan, los brazos que no abrazan. Han renacido las miradas complices y la risa sonora, hay que potenciar la calidez porque el frío de esta fiebre vírica amenaza con desmontar el mundo que conozco.Las paredes repletas de cuadros de mi casa dan paisaje a muchas horas de recogimiento forzado, fuera en el jardín las flores de invierno ponen color y en un intento de momento vano de conseguir trinos, he colgado en el olivo una pequeña caseta con alpiste para que los pájaros vuelvan y me despierten las mañanas de domingo. El hospital duele, tiene una gran boca a lo Munch que grita sin voz, hay mucho sufrimiento detrás de las ajustadas gafas, de las batas, de los guantes, de los gorros y en las camas que se ven muy lejos suspendidas en una soledad forzada y triste. Cuerpos con el alma cansada de tantos meses de esfuerzo, de turnos dobles, de incertidumbre, ya no hay aplausos, ni golpecitos en la espalda, solo una realidad cruda y un agotamiento físico y mental que se comparte entre enfermos y cuidadores. Fuera, enajenados, siguen los insolidarios vanalizando el desastre.

jueves, 14 de enero de 2021

PAISAJE DE UN NUEVO AÑO

Paisaje para un nuevo año

 Hemos traspasado la barrera del año gafe y creyendo estábamos en que el 2021 nos sacaría de la maldición o mal de ojo celestial, cuando ¡patapam!, llega una borrasca de nombre inocente y musical llamada Filomena que nos pone patas arriba (literalmente, si hablamos de caídas por resbalones en el hielo,,,) las ciudades, las carreteras, los pueblos, los caminos y el tejado de millones de casas. Por no nombrar el asalto peliculero y terrorífico al Capitolio de los mismísimos E.E.U.U....

La línea de mis ojos achinada hace conjunto con el rictus de mis labios alargados ("con permiso") porque la lectura de estos hechos está enriquecida en la olla de la 3ª ola del dichoso coronavirus y forma un potaje intragable que atasca más que las patatas con bacalao de mi madre en Cuaresma. Mientras, yo, sinvergüenza, disfruto de una soleada mañana desde la cristalera de mi comedor, aprovechando unos días milagrosos de vacaciones. Me gusta mirar el jardín, ahora limpio y arreglado, que visitan los gorriones (menos de lo que quisiera) y algunas torcaces. Sobreviven las margaritas amarillas y unos brotes en el rosal aventuran futuras pitiminí en breve. Es muy agradable la ausencia de prisa y de horarios, siento que los límites de mi cuerpo se expanden hacia fuera, ocupo todo el espacio y es placentero. Difícil describir las sensaciones que entran y salen por mi nariz junto al aire con calor y luz que respiro. Incluso mis ojos miopes se lanzan al cielo raso y azul a recorrer el terreno invernal que adivino infinito.

Late el corazón al ritmo de la vida tranquila de esta mañana. De fondo suelta palabras una pequeña radio, conexión con el revuelto mundo que dejo de lado una horas para mirarme por dentro. Y lo que veo empieza a gustarme un poco, parece que las sacudidas emocionales de los últimos años van liberando un poso en el que me encuentro mejor. Una sustancia que me ofrece una forma más afín , cómoda, donde ya no me hundo.

Hay trabajo, no se porque siempre el esfuerzo, el sacrificio, las dificultades están imbricadas en el tejido mis huesos, en el centro mismo de cada célula que conforma la persona que soy. No hay cimbreado de cintura que me salve de dejar los cuernos en cada intento de mejora, de propósito, de resolución...¡todo me cuesta un quintal!

Fluir, una palabra y acción que envidio. Nada tan liberador como sentirse agua, como ser el elemento que transcurre sin pausa hasta la Mar que "es el morir" (con permiso de nuevo). Pero el particular modo que yo tengo de dejarme llevar, arrostra una maraña de lodos y piedras, troncos y malaje de todo tipo que traba cada pequeño paso de una forma demencial y que muchas veces me ha puesto entre las cuerdas cercana a tirar la toalla.

Y aquí sigo, en mi pequeñez enorme, transitando por una vida autónoma con cúmulos de dolor, alegría, sorpresa, pena, pisando sin apenas ruido el terreno que me ha tocado en suerte, sacando fuerzas y sonrisas del chaleco mágico a lo Doraimon, para que en el instante que me toque marchar, sentirme que he vivido (vuelta a con permiso) y los que me saben y quieren, me recuerden con tanto amor y calidez como la que he ido ( y voy ) intentando sembrar en el camino.

martes, 24 de noviembre de 2020

A vista de pájaro


 Hay que reconocer que este otoño es diferente a todos mis otoños. Un elemento inesperado que daña las orejas y es abono para granos de acné olvidados en la memoria lejana de la juventud,  se ha instalado en mi cara la mayor parte del día. Una mascarilla, como segunda piel para evitar el bicho insano que fantasmal recorre el mundo,  cuelga del espejo de la entrada a casa. A veces me parece adivinar vida en su interior por el modo de contonearse cuando abro la puerta y luego recuerdo el aire, invisible, que me acompaña y que atrapo en mis suspiros antes de soltarme en este ruedo al que no quiero unirme.

Nada hay tan lejos de mi esencia que el vacío de un abrazo no dado. Quizás lastimosamente se ha creado un cementerio donde se hacinan por cientos, por miles, por millones los arrumacos, caricias, afectos y roces perdidos en el ataque a traición de este ser infame. Me duele adentro, recibir amigos sin la calidez que mi corazón demanda. Me duele. Me duele ese pensamiento contumaz que se precipita antes de cada acción que lleva un gesto de acercamiento: ¿hay peligro?. Me duele la duda, la sombra de duda que hace criminal a ojos del mundo, a veces a mis propios ojos, el contacto, actual culpable del contagio. 

El colibrí iridiscente sobrevuela mis pensamientos y alumbra algo sus sombras. Un pájaro diminuto con el pico largo que juega con las flores imaginarias, brotadas de la desesperación para romper el gris que acapara los mundos, mi mundo. En sus alas coloco mi corazón para acercarme al sol y ahuyentar con la tibieza de sus rayos mi miedo.

lunes, 4 de mayo de 2020

Virus

En la tranquilidad de una tarde con sonido de gotas cayendo a mis espaldas, en un jardín brotado de flores que se abren a la primavera incipiente, tengo la inquietud saltando en mi pecho.
 Una plaga acecha fuera, está por todas partes pero al igual que el viento, no se ve, ni siquiera tiene voz pero golpea el pecho con la fuerza de un huracán aniquilando pulmones y destrozando vidas a su paso.
Es un virus, pequeño, su tamaño en micras ni lo se, pero su forma redonda con múltiples palos de golf a su alrededor a dado la vuelta al mundo. Es el protagonista absoluto desde hace meses, todo gira en torno a su centro, la estrella  de nuestro universo que pensábamos infinito, indestructible, inmortal?!.
 Un montón de valores se dispersan del hatillo que atesoro entre las manos, se resbalan y caen hechos añicos a mis pies. Los proyectos, aquellas ilusiones marcadas en el calendario en rojo, ese viaje, esa entrada al teatro, la cena bajo la luna que preparaba como una sorpresa rompedora de rutinas. Todo digerido, fagocitado, caput. Aventuro que pasará, como pasan los cirros y las tormentas por lo alto del cielo delante de mis ojos, este infierno pasará.
Mientras sacamos jugo al presente como nunca, estrujamos la realidad y los segundos parecen horas,  quiero cerciorarme que en la intimidad de este encierro obligado van abriéndose paso nuevas metas, o que nos ponemos a sacar brillo a aquellas otras olvidadas, tal vez perdidas en la vorágine de nuestra historia reciente. Si he de decir la verdad, todo lo que está pasando, la vuelta del revés y la sacudida épica por la que transitamos me hace sentir aún más pequeña de lo que ya me he sentido nunca.
En casa las emociones vienen y van, como olas, se agitan,  crean y desvanecen la espuma, ascienden raudas a los labios para salir atropelladas , serenas, en forma de palabras o silencios. Ahí, en los silencios, vuelven los ojos con su lenguaje mudo a cobrar importancia.
 A falta del contacto prohibido,  las miradas cruzan el espacio sin el temor al contagio, ágiles dejan impronta y nos rebelan verdades como templos. El miedo tiene su rincón en toda esta barahúnda de sensaciones, no te lo puedes quitar de encima y es fuerte, una lucha desigual se libra en mi interior para extirparlo, arrancarlo de cuajo y una vez roto precipitarlo al océano y que no regrese.
 Heroína de un minúsculo, ínfimo e insignificante combate que la mayor parte de las veces doy por perdido. Pero hoy, en el anonimato que da una tarde serena de mayo al refugio de mi casa callada, alzo el brazo en señal de victoria porque le he ganado.

lunes, 18 de noviembre de 2019

26 de noviembre 2001

Rompe a llorar y tiemblan las luciérnagas.
Intermitente luz alumbra la cueva de mis ojos cansados de dolor y contracciones.
De madrugada se quiebran los cristales oscuros de la noche fría. Hay un viento helador, no lo dejes entrar que cojo frío.
Y al borde de la hora decides salir envuelta en piel tras el trueno de tu llanto para aliviar mi entraña. Y es verte y es saber que el hilo invisible que nos une no se puede cortar, es tejido de amor que arropa para siempre nuestro ir y venir por esta vida.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Un domingo cualquiera

Levanto la vista que recoge una mañana de nubes y un sol caliente que pica en la piel. Tal vez la tormenta llegue por la tarde. Hoy no veo los gorriones colgados de las ramas del laurel, pero sigo su vuelo a lo lejos que cruza chimeneas y se detiene al borde de los tejados de las casas rojas de mi barrio. Domingo amable. La radio sigue conmigo alimentando historias; dentro duermen. Pasan los días livianos de vacaciones ya tranquilos, sin preocupaciones ni ansiedades. Me gusta actuar sin correr, sin ese gusano terrorista y destructor que se ancla en mi centro y consigue aturdirme cuando me desdoblo en mujer trabajadora, ¿mujer infalible?...Me abruma la exigencia. Llevo tiempo palpando a tientas mi evolución, mi existencia, mi vida al final. Los 50 me trajeron subidos en el lomo un mar de dudas, con oleaje y todo.Zarandeada y aturdida me veo borrosa, sin definición que me de la entidad que creo merecer a estas alturas. Se llama crisis, o a esa conclusión he llegado después de sufrir unos cuantos varapalos físicos y mentales. No resuelvo, pese a empecinarme en el intento, salir del hueco; hueco como lugar y como espacio, en los dos sentidos. Quizás busco respuestas sin armar bien las preguntas, es tal la ofuscación y el estado de desorden que atravieso.
Domingo. Se está bien fuera. En mi jardín, ¡anda!, jardín también es una palabra que me cuadra: ¡en menudo jardín estoy metida!...y vuelta a empezar.
Bien, mal, peor, mejor, recuerdo, olvido, anhelo, abandono, supero, me puede, sufro, celebro, conquisto, fracaso... Oposición para seguir. Nada adelanta sin su sombra, sin su contrario. En algún lugar duerme mi coraje, mi fuerza, mi valor... Sé que los tuve, esa visión me llega como flases. 
Y ahora, ¿cómo seguir? Mujer, madre, compañera de vida, profesional, amiga... ámbitos que giran en la noria a mi alrededor con más o menos fortuna. Congelada hasta los huesos, busco incansable el calor que como este sol de mediodía, pueda iluminar y romper los cristales fríos que me forman.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Cubaneando. Diario de un verano.

1 de septiembre del 2019:
Una estela iluminada queda atrás, junto a la sombra pintada de nuestras figuras algo desdibujadas por la pena que viene y va en la cresta de olas de ese mar pirata,donde quedan parte de nuestros corazones boqueando. Son tantas emociones y vivencias; tardes de mecedora y abanico, de ollas de arroz y frijoles y ese crujir de platanito hecho chicharrita que enloquece en la boca. Músicas y tambores, un rugir humano y animal; desde el gallo galán por las mañanas, hasta el zunzún con su suave aleteo repleto de reflejos iridiscentes verdeazulados en las tardes de patio y cháchara.
¿A qué huele el recuerdo? A café recién hecho, a mango maduro, a congrí, a sudor y a colonia, a sal...
2 de septiembre:
Valorar: poner en valor, reconocer, trastear entre el acumulo de experiencias que se hacinan en el baúl de los recuerdos (hu, hu, hu ) para encumbrar solo a unas pocas que puedo contar con los dedos de una mano. Dios, ¡qué riqueza perdida!. Es extraño recobrar lo vivido en los detalles, tienden a huir como lo hace el agua entre los dedos. Fogonazos en instantes: una uña herida, un trémulo roce de un pez en el tobillo, ese gusto dulce que se desbarata en la boca de una fruta pulposa y tierna, la mágica luz que asoma en un rincón del patio ahogado en humedad y flores...y el trajín humano que sube del suelo, roto por los golpes de vida y revolución, maltrecho y desdibujado. ¡Qué de desánimo se cuela por las rendijas de las casas y se posa leve en las ojeras hondas de quienes las habitan! Los tambores arremeten y me hacen temblar. Nos cuentas cosas, historias, cuentos y azares: E
rase una vez,( tan, tan, tan), cuando la palma real reinaba, cuando el zunzún libaba, cuando el mambí pescaba, cuando los sueños de ser mejores se alimentaban, para seguir con el invento, golpeando con saña la piel tensa que les da la voz. Hay calor, me mojo por dentro y por fuera, indiscreta temperatura, no hay espacio en lo alto del día para refrescarse; un tímido alivio llega del desvencijado ventilador que ruge o tal vez respira, desde el comedor. Se hace ancha la tarde, justo cuando el agua llega al caño y empieza el corre corre de recogerla en cubos, palanganas, pucheros para no malgastar ni una gota y tener suficiente hasta el día siguiente. La frenética actividad se acaba pronto, el bullir de gente cambia del patio al portal; allí se adormece al vaivén de la mecedora y el runrún de una radio lejana donde suena un son. Cierro los ojos y sigo viendo verde, respiro verde, como verde (aguacate mágico), palpo verde...
5 de septiembre:
Tranquila tarde, recogida en mi seno se agita una angustia vieja que,  hace ya, se ancló en la entraña y no quiere soltarse. Tranquila
tarde, un gusto ligeramente amargo acapara el hondo de mi boca. Es un recuerdo que pronto cobrará protagonismo de nuevo y al que quiero espantar como a una mosca y que como a una mosca no consigo alejar por mucho tiempo.Pronto vendrá la rutina y el peso agigantado del deber, del responder ante ese infame monstruo que nos reduce al tamaño de un guisante con su maquinaria cruel y devastadora. Desnuda y frágil, así me siento. La espiral que remueve mi centro volviéndome inestable, ha empezado a girar, a crecer, a devorar la poca seguridad que aún mantengo en pie. El suelo se fragmenta delante de mí, los caminos se confunden. ¿qué tengo? ¿qué me atormenta y me provoca tal inseguridad y desasosiego? ¡Ay, madurez fatal, qué tremendo trago tan indigesto!